miércoles, 9 de abril de 2008

ENSEÑANZA TECNICO-PROFESIONAL – El por qué de su agonía

(Tomado de “La educación técnico profesional en Chile”, documento de trabajo Red Educacional Técnica y Chile Califica, Antofagasta 2006)

La educación técnico profesional tiene sus inicios en el siglo XVIII, encontrándose un primer registro en el año 1798. Don Manuel de Salas y Corbalán, creó la Academia San Luis, siendo su primer director, y a la que pensó dotar con profesores europeos con el fin de fortalecer los conocimientos en aritmética, geometría y dibujo. Un segundo registro en siglo XIX, con la creación de la Escuela de Artes y Oficios en el año 1842.

En la segunda mitad del siglo XIX, la educación fue organizándose de tal modo que quedó constituida en una sección primaria, destinada a las masas y otras secundaría mucho más selectiva que la anterior, convirtiéndose en un mecanismo de mejora social. En el año 1908 esta última sección, se dividió en dos tipos de formación; escuelas que entregaban formación general y en escuelas comerciales, técnicas o de oficios y que atendían a 6.791 estudiantes.

Ya en el siglo XX, y luego de diversas reformas “entre los años 1935 y 1950 tomó impulso la educación técnica vocacional, aumentando sus matrículas desde 3.456 hasta 9.422 alumnos. Así, más allá de sus objetivos relacionados con la integración de la nacionalidad, la educación, empezó a orientarse por objetivos vinculados a la formación de los recursos humanos requeridos por la industrialización que en ese entonces experimentaba el país.”

Desde entonces la Educación Técnico Profesional, fue una respuesta a los requerimientos de crecimiento y expansión tecnológica e industrial de nuestro país, convirtiéndose en una gran oportunidad para los sectores más deprimidos, pues en poco tiempo se podía contar con los conocimientos necesarios para enfrentar un campo laboral más especializado.

Sin embargo, la educación técnico profesional empezó a deteriorarse. En 1996 su matricula empezó a bajar. Sin embargo, el año 2002 tuvo un leve repunte con la aparición de los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales.

Esta baja, en algunos casos, se debe a la visión que se tiene en Chile de la educación técnico profesional, en el sentido que forma profesionales de segundo nivel y no comparables con profesionales universitario, por lo tanto la opción era “estudiar en la universidad”, otra visión era la falta de carreras pertinentes a los requerimientos y necesidades del país, por lo tanto aquellos que optaban por esta opción “no encontraban trabajo”.

En el año 2004, se escribía sobre la modalidad técnico profesional: “ésta, por su parte, en la mayoría de los establecimientos, además de entregar en general una formación débil y de baja calidad, y de no enseñar tampoco a aprender a lo largo de la vida, presenta diversos problemas adicionales que, según estableció un estudio realizado a fines de la década pasada, la llevan "a no lograr una formación correspondiente a técnicos de nivel medio con calificación adecuada a las necesidades actuales y futuras del mundo del trabajo en nuestro país". En varios casos, el resultado alcanzado no supera el nivel de obreros calificados o semi-calificados, con experiencia y destrezas limitadas y en general con una deficiente estimulación de la creatividad y de la formación de hábitos de responsabilidad.

Ese mismo estudio señala que los contenidos de los programas, salvo casos aislados, se hallan desactualizados y son incompletos; muchas escuelas no incluyen especialidades que atraigan a las niñas, lo cual dificulta la posterior incorporación de la mujer al trabajo; falta una efectiva integración entre las áreas de formación general y de especialización; las "actividades prácticas" no pasan de ser por lo general una mera imitación de la actividad real; el espacio físico de los establecimientos recuerda a antiguas empresas, con un equipamiento que por lo común es obsoleto y poco apropiado; hay un déficit de profesores con formación completa y actualizada, que además tengan experiencia profesional en las especialidades que enseñan, aún cuando la mayoría de ellos muestra tener buenos niveles de motivación y entusiasmo en su tarea.

En esas condiciones, la formación entregada a través de esta modalidad ha quedado en general muy por detrás de lo que necesita el país, a pesar de los progresos realizados en un número de establecimientos técnico-profesionales y de haberse consolidado como una interesante alternativa de mercado los establecimientos a cargo de las corporaciones empresariales”.

Por otro lado, la tecnología y la industria avanzan rápidamente, la globalización permite cambios que en épocas pasadas eran imposibles de lograr. Pero la educación se ha visto sobrepasada con estos cambios, especialmente la formación técnico profesional, pues ha tenido una respuesta lenta y no se ha adaptado a estos nuevos requerimientos, esto ha traído como consecuencia lo indicado en el párrafo anterior, se preparan profesionales con muy pocas competencias y con conocimientos distantes de lo que requiere hoy el mercado laboral.

El deterioro que este tipo de enseñanza ha experimentado es lo que ha impulsado a algunas personas a decir que actualmente esta enseñanza es "La Gran Estafa" que se le está haciendo a gran parte de nuestra juventud.

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